Visión y Proposito

Nuestra visión y propósito, en perfecta obediencia al mandato de Jesús Nuestro Señor de "DISCERNIR LOS SIGNOS Y SEÑALES DE LOS TIEMPOS", es el difundir los Mensajes que para este tiempo final, Dios Padre esta recordando y explicitando a su Iglesia y al mundo a través de sus dos Ungidos y Testigos, es decir, los CORAZONES UNIDOS Y TRIUNFANTES DE JESÚS Y MARÍA, y así poder contribuir con su plan en el llamado y preparación de los DISCÍPULOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS.

En cuanto a las Revelaciones y Profecías Privadas, que se publica en este Blog, en virtud de la derogación de los cánones 1399 y 2318 del Código de Derecho Canónico y de la vigencia del Decreto del Papa Urbano VIII, SOLO AL SANTO MAGISTERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA le corresponde determinar sus AUTENTICIDAD Y CARÁCTER SOBRENATURAL, a cuya decisión final dócilmente nos sometemos, sin olvidar, a San Pablo que nos exhorta: " No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno" 1ra. de Tesalonicenses 5;20 y San Juan Evangelista que nos profetiza: " Pero cuando EL, el Espíritu de la verdad, venga, os guiará a toda la verdad,...... y os hará saber lo que habrá de venir." Jn 16;13.

Sin embargo, ya que, la Iglesia no objeta en principio el difundir estas revelaciones privadas, mientras se las estudia por su contenido y frutos, esperamos que no se las busque por la sola satisfacción de la curiosidad, sino por un deseo VERDADERO DE CONVERSIÓN Y SALVACIÓN para el Alma, traducido en la realización de obras de Misericordia Concretas.



... CON EL ESPÍRITU DE MARÍA SANTÍSIMA ADORAMOS Y BENDECIMOS ... BENDITO, ADORADO Y ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, SEA POR SIEMPRE Y ETERNAMENTE BENDITO, ADORADO Y ALABADO ...

... ROGAMOS ELEVAR SUS ORACIONES Y SUPLICAS AL SEÑOR POR LOS ADMINISTRADORES DE ESTE PORTAL, A FIN DE PODER CUMPLIR CON TAN IMPORTANTE LLAMADO ... DIOS LES PREMIE ...

lunes, 21 de abril de 2014

Taller de María Santísima --> Oración y Desarrollo de la Armadura de Dios a través del Espíritu de María. Descubre por que la FE de MARÍA SANTÍSIMA es la unción estratégica de este tiempo para alcanzar el avivamiento del Espíritu en tu vida, familia, comunidad y parroquia. Recibe la sanación y liberación, desde la humildad del Espíritu de María que es el ESPÍRITU SANTO según San Luis María de Montfort. Retiro espiritual dictado en la cuidad de carora (venezuela) el 05 y 06 de abril de 2014 . Parroquia de San José de Calicanto


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En Siria: Dos jóvenes cristianos fueron crucificados en Maaloula por los extremistas y en cuanto a algunas mujeres, les sacaron a sus bebés y los ataron a los árboles con sus cordones umbilicales. Publicamos un estremecedor relato de las atrocidades cometidas contra los cristianos en Maaloula (Siria), procedente de una entrevista a la Hermana Raghida, del Patriarcado Greco-Católico en Damasco, a la edición francesa de Radio Vaticano. Siria, antes uno de los países más seguros, se ha convertido en una tierra de lucha feroz en la que los cristianos son particularmente vulnerables

(Aleteia/InfoCatólica) La ciudad de Maaloula, recientemente conquistada por las tropas gubernamentales y destruida en su mayor parte, después de estar bajo control de los yihadistas, se ha convertido en el símbolo del martirio de los cristianos en Siria.
La hermana Raghida, doctora en Educación, estuvo al frente de la escuela del Patriarcado Greco-Católico en Damasco, la capital siria. Hoy vive en Francia. Su madre y sus seis hermanos y hermanas están todavía en Siria, donde su vida está en peligro todos los días.
«En los pueblos y aldeas que están ocupadas por elementos armados, los yihadistas y los grupos musulmanes extremistas ofrecen a los cristianos dos alternativas: la shahada (profesión de fe musulmana, ndr.) o la muerte. A veces piden un rescate. Así que están entre la shahada, el rescate o la muerte. Quienes no niegan su fe sufren el martirio, y además un martirio extremadamente inhumano, de una violencia extrema que no tiene nombre.
Si quieren ejemplos, en Maaloula crucificaron a dos jóvenes porque no quisieron decir la shahada. Les dijeron: «entonces quieren morir como su amo en el que creen. Tienen una opción: recitan la shahada o serán crucificados». Y les crucificaron. Hubo uno que fue crucificado delante de su padre. Incluso mataron a su padre. Esto ocurrió por ejemplo en Abra, en la zona industrial en las afueras de Damasco. En cuanto entraron en la ciudad, comenzaron a matar a hombres, mujeres y niños . Y después de la masacre, se llevaron las cabezas y jugaron al fútbol con ellas.
En cuanto a las mujeres, les sacaron a sus bebés y los ataron a los árboles con sus cordones umbilicales. Afortunadamente, la esperanza y la vida es más fuerte que la muerte. Después de un período de calma y de que la ciudad volviera a manos del ejército, hicimos misas de réquiem, y seguimos rezando intensamente.

Frente a estas atrocidades, ¿cómo se las arreglan para vivir todos los días?

Ellos huyen a lugares un poco más tranquilos porque la lucha se concentra en algunas regiones o ciudades. Las personas se dirigen a las zonas más tranquilas, con familiares o con amigos. Hay escasez de alimentos. En algunos lugares, hay algunas verduras, pero son demasiado caras , porque la vida se ha incrementado en un 500% , si no más. Hay algunos que aún ganan un pequeño salario. Todavía hay algunos funcionarios que van a trabajar con riesgo de su vida. Cuando van a su trabajo, no saben si van a regresar con vida o no. Y lo mismo sucede con los jóvenes que van a la escuela o la universidad, porque la gente no quiere vivir sintiendo que esperan la muerte, hay instituciones que continúan con los que pueden acudir. Se está creando una solidaridad entre las personas. Cuando falta el combustible, el gas , la electricidad e incluso el pan, los vecinos se ayudan. La mayor preocupación son los niños.

¿Cómo vivían los cristianos antes de la guerra?

Siria es un país laico, en el sentido pleno del término. Había una convivencia entre cristianos y musulmanes. Se aceptaban, con sencillez. Por desgracia, los acontecimientos han cambiado. Al principio les apoyaban. Incluso ahora, las minorías neutrales les siguen apoyando. Vivimos a todas horas en el miedo y el temor. Antes de estos acontecimientos, vivíamos muy bien. Este era el único país donde los cristianos podían practicar su fe. Había una seguridad que no se daba en ningún otro país vecino. Las Iglesias se ayudaban. De hecho, las procesiones eran conjuntas, entre ortodoxos y católicos. Los cristianos eran cristianos, sin hacer distinciones de credos y ritos. Había realmente un acuerdo especial. Por desgracia, ya no. Dos tercios de los cristianos ya han abandonado el país, y ya no quedan muchos. Después de las amenazas y los asesinatos de Maaloula, los cristianos se dicen: «Nuestro turno llegará. Así que vamos a salvar a los niños». A pesar de los llamamientos de los patriarcas y del Papa, de quedarse allí, los que realmente se quedan son personas que no tienen los medios para huir y a las que se les niegan los visados.

¿Y qué hay de tu familia?

He intentado traer a mi mamá a Francia en dos ocasiones, pero el visado fue rechazado. Mis dos hermanos, así como otros parientes, vecinos y amigos, han intentado conseguir el visado, pero se les ha denegado. ¿Cómo ayudar a estos cristianos? Sienten que no los protegemos, se sienten abandonados y que no vamos a dejar que se vayan. Los que quedan están realmente en peligro.

¿Hay aún razones para la esperanza?

El Señor no nos abandonará. Hay hombres de buena voluntad que todavía siguen trabajando y trabajan por el retorno de la paz. Ellos siguen orando y dicen «nadie muere antes de su hora». Sin embargo, nuestro país se va a recuperar, se reconstruirá y se volverá aún más fuerte que antes. La solidaridad es más fuerte que antes. Nuestro compromiso con Cristo y nuestra fe será aún más fuerte que antes.

Por último, ¿quiere añadir algo o hacer un llamamiento?

Hago un llamamiento a los protagonistas, sobre todo franceses, porque Francia tiene una influencia muy poderosa sobre los demás. Así que llamo a estos protagonistas a repensar los derechos humanos y la dignidad del hombre. También quiero decir a todos mis compatriotas que hay personas que piensan en ellos y rezan por ellos. Por lo tanto, no se desesperen.

domingo, 20 de abril de 2014

Felices Pascuas de Resurrección: Christos Anesti !!! La Resurrección de Jesucristo, según la visión dada a la beata Anna Catalina Emmerick y las visiones dadas a sor María de Jesús de Agreda "...Estuvo el alma de Cristo nuestro Salvador en el limbo desde las tres y media del viernes a la tarde, hasta después de las tres de la mañana del domingo siguiente. A esta hora volvió al sepulcro. En el sepulcro estaban otros muchos ángeles que le guardaban, venerando el sagrado cuerpo unido a la divinidad. Y algunos de ellos, por mandato de su Reina, habían recogido las reliquias de la sangre que derramó su Hijo Santísimo, los pedazos de carne que le derribaron de las heridas, los cabellos que arrancaron de su divino rostro y cabeza, y todo lo demás que pertenecía al ornato y perfecta integridad de su humanidad santísima. Y los ángeles guardaban estas reliquias. Por ministerio de los ángeles fueron restituidas al sagrado cuerpo difunto todas las partes y reliquias que tenían recogidas, dejándole con su natural integridad y perfección. Y al mismo instante el alma santísima del Señor se reunió al cuerpo, y juntamente le dio inmortal vida y gloria. Y en lugar de la sábana y unciones con que le enterraron, quedó vestido de los cuatro dotes de gloria: claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza..."


Anna Catalina Emmerick: 


Cuando se acabó el sábado, Juan fue con las santas mujeres, las consoló. Pero no podía contener sus propias lágrimas por lo que se quedó con ellas solo un corto espacio de tiempo. Entonces, Pedro y Santiago el menor fueron también a verlas con el mismo propósito de confortarlas. Ellas prosiguieron con su pena después de que ellos se fueran…
Vi el alma de Nuestro Señor entre dos ángeles ataviados de guerreros; era luminosa, resplandeciente como el sol del mediodía, la vi atravesar la piedra y unirse con el Sagrado Cuerpo. Vi moverse sus miembros, y el Cuerpo del Señor, unido con su alma y con su divinidad, salir de su mortaja brillante de luz. En ese mismo instante me pareció que una forma monstruosa, con cola de serpiente y una cola de dragón salía de la tierra debajo de la peña, y que se levantaba contra Jesús. Creo que también tenía una cabeza humana. Vi que en la mano del Resucitado ondeaba un estandarte. Jesús pisó la cabeza del dragón y pegó tres golpes en la cola con el palo de su bandera. Desapareció primero el cuerpo, después la cabeza del dragón y quedó solo la cabeza humana. Yo había visto muchas veces esta misma visión antes de la Resurrección y una serpiente igual a la que estaba emboscada en la concepción de Jesús. Me recordó también la serpiente del paraíso, pero esta todavía era más horrorosa. Creo que era una alegoría de la profecía: “El hijo de la mujer romperá la cabeza de la serpiente”, y me pareció un símbolo de la victoria sobre la muerte, pues cuando Nuestro Señor aplastó la cabeza del dragón, ya no vi el sepulcro.
Jesús resplandeciente, se elevó por medio de la peña. La tierra tembló. Uno de los ángeles guerreros, se precipitó del cielo al sepulcro como un rayo, apartó la piedra que cubría la entrada y se sentó sobre ella. Los soldados cayeron como muertos y permanecieron en el suelo sin dar señales de vida. Casio, viendo la luz brillar en el sepulcro se acercó, tocó los lienzos vacíos y se fue con la intención de anunciar a Pilato lo sucedido. Sin embargo aguardó un poco porque había sentido el terremoto y había visto al ángel apartar la piedra a un lado y el sepulcro vacío. Mas no había visto a Jesús.
Mientras la Santísima Virgen oraba interiormente llena de un ardiente deseo de ver a Jesús, un ángel vino a decirle que fuera a la pequeña puerta de Nicodemo, porque Nuestro Señor estaba cerca. El corazón de María se inundó de gozo; se envolvió en su manto y se fue, dejando allí alas santas mujeres sin decir nada a nadie. Le vi encaminarse deprisa hacia la pequeña puerta de la ciudad por donde había entrado con sus compañeras al volver del sepulcro. Caminaba con pasos apresurados, cuando la vi detenerse de pronto en un sitio solitario. Miró a lo alto de la muralla de la ciudad y el alma de Nuestro Señor, resplandeciente, bajó hasta su Madre acompañada de una multitud de almas y patriarcas. Jesús, volviéndose hacia ellos dijo: “He aquí a María, he aquí a mi Madre”. Pareció darle un beso y luego desapareció.
En el mismo instante en que un ángel entraba en el sepulcro y la tierra temblaba vi a Nuestro Señor resucitado apareciéndose a su Madre en el Calvario; estaba hermoso y radiante. Su vestido que parecía una copa, flotaba tras Él, era de un blanco azulado, como el humo visto a la luz del sol. Sus heridas resplandecían, y se podían ver a través de los agujeros de las manos. Rayos luminosos salían de las puntas de sus dedos. Las almas de los patriarcas se inclinaron ante la Madre de Jesús. El Salvador mostró sus heridas a su Madre, que se posternó para besar sus pies, mas Él la levantó y desapareció. Se veían luces de antorchas a lo lejos cerca del sepulcro, y el horizonte se esclarecía hacia el oriente, encima de Jerusalén.
La Santa Virgen cayó de rodillas y besó el lugar donde había aparecido su Hijo. Debían ser las nueve de la noche. Sus rodillas y sus pies quedaron marcados sobre la piedra. La visión que había tenido la había llenado de un gozo indecible. Y regresó confortada junto a las santas mujeres, a quienes halló ocupadas en preparar ungüentos y perfumes. No les dijo lo que había visto, pero sus fuerzas se habían renovado, consoló a las demás y las fortaleció en su fe
La Santa Virgen se unió a la preparación de los bálsamos que las santas mujeres habían empezado a elaborar en su ausencia. La intención de ellas era ir al sepulcro antes del amanecer del día siguiente, y verter esos perfumes en el Cuerpo de nuestro Señor.

Las santas mujeres
Estaban las mujeres cerca de la pequeña puerta de Nicodemus cuando Nuestro Señor resucitó pero no vieron nada de los prodigios que habían acontecido en el sepulcro. Tampoco sabían que habían puesto allí una guardia, porque no habían ido la víspera a causa del sábado. Mientras se acercaban se preguntaban entre sí con inquietud: “¿Quién nos apartará la piedra de la entrada?” Querían echar agua de nardo y aceite aromatizado con flores sobre el Cuerpo de Jesús. Querían ofrecer a Nuestro Señor lo más precioso que pudieran encontrar para honrar su sepultura. La que había llevado más cosas era Salomé, no la madre de Juan, sino una mujer rica de Jerusalén, pariente de san José.
Decidieron que, cuando llegaran, dejarían sus perfumes sobre la piedra y esperarían a que alguien pasara para apartarla. Los guardias seguían tendidos en el suelo y las fuertes convulsiones que los sacudían, demostraban cuán grande había sido su terror. La piedra estaba corrida hacia la derecha de la entrada, de modo que se podía penetrar en el sepulcro sin dificultad. Los lienzos que habían servido para envolver a Jesús estaban sobre el sepulcro. La gran sábana estaba en su sitio pero sin su Cuerpo. Las vendas habían quedado sobre el borde anterior del sepulcro, las telas con que María Santísima había envuelto la cabeza de su Hijo estaban en donde había reposado esta.
Vi a las santas mujeres acercarse al jardín, pero, cuando vieron las luces y los soldados tendidos alrededor del sepulcro, tuvieron miedo y se alejaron un poco. Pero Magdalena, sin pensar en el peligro, entró precipitadamente en el huerto y Salomé la siguió a cierta distancia. Otras dos, menos osadas se quedaron en la puerta. Magdalena, al acercarse a los guardias, se sintió sobrecogida y esperó a Salomé; las dos juntas pasaron entre los soldados caídos en el suelo y entraron en la gruta del sepulcro.Vieron la puerta apartada de la entrada y cuando, llenas de emoción penetraron en el sepulcro, encontraron los lienzos vacíos. El sepulcro resplandecía y un ángel estaba sentado a la derecha sobre la piedra. No sé si Magdalena oyó las palabras del ángel, mas salió perturbada del jardín y corrió rápidamente a la ciudad, donde se hallaban reunidos los discípulos. No sé tampoco si el ángel habló a María Salomé, que había quedado en la entrada del sepulcro, pero la vi salir también muy deprisa del jardín, detrás de Magdalena, y reunirse con las otras dos mujeres anunciándoles lo que había sucedido. Se llenaron de sobresalto y de alegría al mismo tiempo, y no se atrevieron a entrar.
Casio que había esperado un rato, pensando quizá que podía ver a Jesús, fue a contárselo todo a Pilato. Al salir se encontró con las santas mujeres, les contó lo que había visto y las exhortó a que fueran a asegurarse por sus propios ojos. Ellas se animaron y entraron en el huerto. A la entrada del sepulcro vieron a dos ángeles vestidos de blanco. Se asustaron y se cubrieron los ojos con las manos y se postraron en el suelo; pero uno de los ángeles les dijo que no tuvieran miedo y que no buscaran allí al crucificado porque había resucitado y estaba vivo. Les mostró el sudario vacío y les mandó decir a los discípulos lo que habían visto y oído añadiendo que Jesús les predecería en Galilea y que recordaran sus palabras: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores que lo crucificarán pero Él resucitará al tercer día. Entonces los ángeles desaparecieron. Las santas mujeres temblando pero llenas de gozo se volvieron hacia la ciudad. Estaban sobrecogidas y emocionadas; no se apresuraban sino que se paraban de vez en cuando para mirar a ver si veían a Nuestro Señor o si volvía Magdalena.
Mientras tanto Magdalena había ya llegado al cenáculo, estaba fuera de sí y llamó a la puerta con fuerza. Algunos discípulos estaban todavía acostados. Pedro y Juan le abrieron. Magdalena les dijo desde fuera: “Se han llevado el Cuerpo del Señor y no sabemos a dónde lo han llevado”. Después de estas palabras se volvió corriendo al huerto. Pedro y Juan entraron alarmados en la casa y dijeron algunas palabras a los otros discípulos. Después la siguieron corriendo; Juan más deprisa que Pedro.
Magdalena entró en el jardín y se dirigió al sepulcro. Llegaba trastornada por su dolor y sus carreras, cubierta de rocío con el manto caído y sus hombros descubiertos al igual que sus largos cabellos. Como estaba sola no se atrevió a bajar a la gruta y se detuvo un instante en la entrada. Se arrodilló para mirar adentro del sepulcro y al echar hacia atrás sus cabellos que caían por su cara vio dos ángeles vestidos de blanco sentados a ambos extremos del sepulcro. Oyó la voz de uno de ellos que decía: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella gritó en medio de su dolor, pues no repetía más que una cosa y no tenía más que un pensamiento al saber que el Cuerpo de Jesús no estaba allí: “Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Después de estas palabras se puso a buscar frenéticamente aquí y allá pareciéndole que iba a encontrar al Salvador, presintiendo confusamente que iba a encontrarlo y que estaba cerca de ella. Ni la aparición de los ángeles podía distraerla de este pensamiento. Parecía que no se diera cuenta de que eran ángeles y no podía pensar más que en su Maestro: “Jesús no está ahí, ¿dónde está Jesús?”. La vi moverse de un lado a otro como el que ha perdido la razón.
El cabello le caía sobre amos lados sobre la cara, se lo recogió con las manos echándoselo hacia atrás y entonces, a diez pasos del sepulcro, en el oriente, donde el jardín sube hacia la ciudad vio aparecer una figura vestida de blanco, entre los arbustos a la luz del sepulcro y corriendo hacia él oyó que le dirigía estas palabras: “Mujer ¿por qué lloras?” Creyó que era el huertano porque llevaba una azada en la mano y sobre la cabeza un sombrero ancho, que parecía hecho de corteza de árbol. Yo había visto bajo esta forma al jardinero de la parábola de Jesús que contara en Betania a las santas mujeres poco antes de su Pasión. No resplandecía sino que era como un simple hombre vestido de blanco a la luz del crepúsculo. Él le preguntó de nuevo: “¿Por qué lloras?” Entonces ella en medio de sus lágrimas respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé a dónde. Si lo has visto dime dónde está y yo iré a por Él.” Y volvió a dirigir la vista frenéticamente a su alrededor.Entonces Jesús le dijo con su voz de siempre: “¡Magdalena!” Ella reconociendo su voz y olvidando crucifixión, muerte y sepultura, como si siguiera vivo dijo volviéndose repentinamente hacia Él: “¡Rabí!” postrándose de rodillas ante Él, con sus brazos extendidos hacia los pies del Resucitado. Pero Él la detuvo diciéndole: “No me toques, pues aún no he subido hacia mi Padre. Ve a decirles a mis hermanos que subo hacia mi Padre y Vuestro Padre, hacia mi Dios y Vuestro Dios” y desapareció.
Jesús le dijo que no le tocara a causa de la impetuosidad de ella, que pensaba que Él vivía la misma vida que antes. En cuanto a las palabras de “aún no he subido a mi Padre” quería expresar que aún no había dado las gracias al Padre por la obra de la Redención, a quién pertenecen las primicias de la alegría. Pero ella en el ímpetu de su amor, ni siquiera se daba cuenta de las cosas grandes que habían pasado. Lo único que quería era poder besar sus pies como antes.
Después de un momento de perturbación Magdalena corrió al sepulcro, donde seguían los ángeles, que le repitieron las mismas palabras que habían dicho alas otras mujeres, que no buscaran allí al Crucificado porque había resucitado como había predicho. Segura entonces del milagro salió a buscar a las santas mujeres encontrándolas en el camino que conduce al Gólgota.
Toda esta escena no duró más de tres minutos. Eran las dos y media cuando Nuestro Señor se había aparecido a Magdalena y Juan y Pedro llegaban al jardín justo cuando ella acababa de irse. Juan entró el primero deteniéndose a la entrada del sepulcro. Miró por la piedra apartada y vio que estaba vacío. Después llegó Pedro y entró en la gruta donde vio los lienzos doblados. Juan le siguió e inmediatamente creyó que había resucitado y ambos comprendieron claramente todas las palabras que les había dicho. Pedro escondió los lienzos bajo su manto y volvieron corriendo. Los ángeles seguían allí pero creo que Pedro no los vio. Juan dijo más tarde a los discípulos de Emaús que había visto desde fuera a un ángel.
En ese momento los guardias revivieron, se levantaron y recogieron sus picas y faroles. Estaban aterrorizados. Yo los vi correr hasta llegar a las puertas de la ciudad. Mientras tanto Magdalena contó a las santas mujeres que había visto a Nuestro Señor y lo que los ángeles le habían dicho; luego se volvió a Jerusalén y las mujeres al jardín creyendo que allí encontrarían a los dos Apóstoles. Cuando ya estaban cerca Jesús se les apareció vestido de blanco y les dijo: “Yo os saludo”. Ellas se echaron a sus pies anonadadas. Él les dijo algunas palabras y parecía indicarles algo con la mano. Luego desapareció.
Entonces las santas mujeres corrieron al cenáculo y contaron a los discípulos que quedaran allí, lo que habían visto. Ellos no querían creerlas ni a ellas ni a Magdalena, calificando todo lo que les decían de sueños de mujeres, hasta que volvieron Pedro y Juan. Al regresar estos se habían encontrado también con Tadeo y Santiago el menor, que los habían seguido y estaban muy conmovidos, ya que Nuestro Señor se les había aparecido a ellos también cerca del cenáculo. Yo había visto a Jesús pasar delante de Pedro y de Juan y me pareció que Pedro lo vio porque lo vi sobrecogerse súbitamente. No sé si Juan lo reconoció.

Los guardias
Casio fue a ver a Pilato una hora tras la Resurrección cuando aún el Gobernador romano estaba durmiendo. Le contó emocionado cuanto había visto en el huerto. Le relató sobre el temblor de la peña y cómo un ángel había apartado la piedra del sepulcro y que los lienzos quedaran vacíos. Le dijo que Jesús de Narzaret era efectivamente el Mesías, el Hijo de Dios y que, verdaderamente había resucitado. Pilato escuchó todo el relato con terror escondido y sin querer demostrarlo dijo a Casio: “Eso son supersticiones, has cometido una necedad acercándote tanto al sepulcro del Galileo, sus dioses se han apoderado de ti y te han hecho ver todas esas visiones fantásticas que ahora me cuentas. Te aconsejo que no digas nada de esto a los sacerdotes, porque ellos podrían perjudicarte”. Hizo como si creyera que los discípulos hubieran robado y escondido el Cuerpo de Jesús mientras los guardias se habían dormido borrachos y que contaban esas supercherías para no declarar y reconocer su negligencia. Cuando Pilato hubo dicho todo esto y Casio se fue, él corrió a ofrecer sacrificios a sus dioses.
Los cuatro soldados que habían estado custodiando el sepulcro llegaron a continuación y relataron a Pilato lo mismo que Casio, pero él no queriendo escucharles más, los envió a Caifás. Los demás soldados estaban ya en el templo donde se habían reunido muchos ancianos judíos, ante los que narraban lo que había ocurrido en el huerto del sepulcro. Después de las deliberaciones, los ancianos cogieron a los soldados uno a uno y a fuerza de dinero o amenazas, los fueron convenciendo para que contaran que los discípulos se habían llevado el Cuerpo de Jesús mientras ellos dormían. Los soldados dijeron que sus compañeros habían ido a casa de Pilato a contarles lo mismo y que les iban a contradecir, pero los fariseos les prometieron que lo amañarían todo con el gobernador. En esto llegaron los soldados que habían ido a casa de Pilato y se negaron a rectificar lo que le habían contado a este.
Se había ido corriendo el rumor de que José de Arimatea se había librado milagrosamente de la prisión. Así que cuando los soldados fueron acusados por los fariseos de haberse dejado sobornar por los discípulos de Cristo para dejarles llevarse el Cuerpo y amenazados con fuertes castigos por no presentar el cadáver de Jesús, los soldados dijeron que cómo era que no castigaran también a los que no habían podido custodiar y presentar el de José. Algunos que se mantuvieron firmes en lo que habían dicho y hablaron libremente del juicio inicuo de la antevíspera y del modo en que se había interrumpido la Pascua, fueron enviados a la cárcel. Los demás difundieron el embuste que fue extendido por los saduceos, herodianos y fariseos, esparciéndolo por todas las sinagogas y acompañándolo de injurias contra Jesús.
Sin embargo todas esas calumnias no consiguieron lo que pretendían, porque tras la Resurrección de Jesús, muchos de los judíos de la ley antigua se aparecieron a muchos de sus descendientes que eran capaces de recibir la gracia, exhortándolos a que se convirtiesen. Muchos discípulos dispersados por el país y atemorizados, vieron también apariciones semejantes que los consolaron y afirmaron en la Fe.
La aparición de los muertos que salieron de sus sepulcros no tenían el aspecto de Jesús Resucitado, renovado y con su Cuerpo glorificado, no sujeto a la muerte, con el que subió al cielo ante sus discípulos; sino que esos cuerpos que habían salido del sepulcro para dar testimonio de Cristo, eran simples cadáveres, prestados como vestiduras a las almas que los habían habitado, para luego volver a dejarlos nuevamente en la tierra, hasta que resuciten como todos nosotros el día del Juicio Final. Ninguno resucitó como Lázaro, que realmente volvió a la vida y luego murió por segunda vez.

Final de las visiones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús
El domingo siguiente, si mal no recuerdo, vi a los judíos lavar y purificar el Templo ofreciendo sacrificios expiatorios, escondiendo las señales del terremoto con tablas y alfombras y continuaron las celebraciones de la Pascua que se habían interrumpido. Dijeron que no se habían podido terminar aquel mismo día por la presencia de impuros al Templo y aplicaron no sé de qué modo, una visión de Ezequiel sobre la resurrección de los muertos. Amenazaron con graves castigos a los que murmuraran o hablaran; sin embargo no calmaron sino a la parte del pueblo más ignorante e inmoral. Los mejores se convirtieron primero en secreto y después de Pentecostés, abiertamente.
El Sumo Sacerdote y sus acólitos perdieron una gran parte de su osadía al ver que la doctrina de Jesús se propagaba tan rápidamente. En el tiempo del diaconado de San Esteban, Ofel y la parte oriental del Sión no podían contener la comunidad cristiana y fueron ocupando el espacio que se extiende desde la ciudad hasta Betania.
Vi a Anás como poseído por el demonio y al final fue confinado para no volver a ser visto nunca más públicamente. La locura de Caifás era menos evidente exteriormente, en cambio era tal la violencia de la rabia secreta que lo devoraba, que acabó perturbado en su raciocinio.
El jueves después de la Pascua, vi a Pilato hacer buscar a su mujer inútilmente por la ciudad. Estaba escondida en casa de Lázaro, en Jerusalén. No podían adivinarlo, pues ninguna mujer habitaba en aquella casa. Esteban, que era primo de San Pablo, le llevaba comida y le contaba lo que sucedía en la ciudad. También vi a Simón el Cirineo el día después de la Pascua; fue a ver a los Apóstoles y les pidió ser instruido y bautizado por ellos. Casio dejó la milicia y se juntó con los discípulos. Fue uno de los primeros que recibieron el bautismo, después de Pentecostés, junto con otros soldados convertidos al pie de la Cruz.
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El siguiente es el extracto del libro la “Vida de la Virgen María”, de Sor María de Jesús de Agreda, en que cuenta las visiones que tuvo de la Resurrección de Jesucristo y el Pentecostés. Es el capítulo XXXI 

CAPITULO XXXI

Restáurase la humanidad de Cristo. – Unese su cuerpo al de María. – Desciende el Espíritu Santo al Cenáculo.


Estuvo el alma de Cristo nuestro Salvador en el limbo desde las tres y media del viernes a la tarde, hasta después de las tres de la mañana del domingo siguiente. A esta hora volvió al sepulcro. En el sepulcro estaban otros muchos ángeles que le guardaban, venerando el sagrado cuerpo unido a la divinidad. Y algunos de ellos, por mandato de su Reina, habían recogido las reliquias de la sangre que derramó su Hijo Santísimo, los pedazos de carne que le derribaron de las heridas, los cabellos que arrancaron de su divino rostro y cabeza, y todo lo demás que pertenecía al ornato y perfecta integridad de su humanidad santísima. Y los ángeles guardaban estas reliquias. Por ministerio de los ángeles fueron restituidas al sagrado cuerpo difunto todas las partes y reliquias que tenían recogidas, dejándole con su natural integridad y perfección. Y al mismo instante el alma santísima del Señor se reunió al cuerpo, y juntamente le dio inmortal vida y gloria. Y en lugar de la sábana y unciones con que le enterraron, quedó vestido de los cuatro dotes de gloria: claridad, impasibilidad, agilidad y sutileza.
Por la impasibilidad quedó invencible de todo el poder criado, porque ninguna potencia le podía alterar ni mudar. Por la sutilidad quedó tan purificada la materia gruesa y terrena, que sin resistencia de otros cuerpos se podía penetrar con ellos como si fuera espíritu incorpóreo; y así penetró la lápida del sepulcro, sin moverla ni dividirla, el que por semejante modo había salido del virginal vientre de su purísima Madre. La agilidad le dejó tan libre del peso y tardanza de la materia, que excedía a la que tienen los ángeles inmateriales, y por sí mismo podía moverse con más presteza que ellos de un lugar a otro, como lo hizo en las apariciones de los Apóstoles y en otras ocasiones.
Las sagradas llagas que antes afeaban su santísimo cuerpo quedaron en pies, manos y costado tan hermosas, refulgentes y brillantes, que le hacían más vistoso y agraciado, con admirable modo y variedad. Con toda esta belleza y gloria se levantó nuestro Salvador del sepulcro. Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo Y le dio vida, correspondió en el de la Madre la comunicación del gozo. Sucedió que en aquella ocasión el evangelista San Juan fue a visitarla para consolarla en su amarga soledad, y encontró la repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el santo Apóstol, y habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la Madre estaba renovada en alegría.
Estando así prevenida María, entró Cristo resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la Reina, y adoró a su Hijo, y su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto (mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas de Cristo) recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que ella sola mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle, si no fuera confortada de los ángeles y por el mismo Señor, para que sus potencias no desfallecieran. El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su Madre, penetrándose con ella o penetrándola consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermosura con su luz. Así quedó el cuerpo de María unido al de su Hijo por medio de aquel contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo del mismo Señor. Por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la Señora. Y estando en ellos oyó una voz que la decía: Amiga, asciende más altoEn virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la Divinidad intuitiva y claramente.
En compañía de la Reina del cielo perseveraban alegres los doce Apóstoles con los demás discípulos y fieles aguardando en el cenáculo la promesa del Salvador, confirmada por la Madre, de que les enviaría de las alturas al Espíritu consolador, que les enseñaría y administraría todas las cosas que en su doctrina habían oído. Estaban todos unánimes y tan conformes en la caridad, que en todos aquellos días ninguno tuvo pensamiento, afecto ni ademán contrario de los otros. María Santísima con la plenitud de sabiduría y gracia conoció el tiempo y la hora determinada por la divina voluntad para enviar al Espíritu Santo sobre el colegio apostólico.
El día de Pentecostés por la mañana la Reina previno a los Apóstoles, a los demás discípulos y mujeres santas (que todas eran ciento veinte personas) para que orasen y esperasen con mayor fervor, porque muy presto serían visitados de las alturas con el divino Espíritu. Y estando así orando todos juntos, ,a la hora de tercia se oyó en el aire un gran sonido de espantoso tronido, y un viento o espíritu vehemente con grande resplandor, como de relámpago y de fuego; y todo se encaminó a la casa del cenáculo, llenándola de luz y derramándose aquel divino fuego sobre toda aquella santa congregación. Aparecieron sobre la cabeza de cada uno de los ciento veinte unas lenguas del mismo fuego en que venía el Espíritu Santo, llenándolos a todos y a cada uno de divinas influencias y dones soberanos, causando a un mismo tiempo muy diferentes y contrarios efectos en el cenáculo y en todo Jerusalén, según la diversidad de sujetos.
Los Apóstoles fueron también llenos y repletos del Espíritu Santo, porque recibieron admirables aumentos de la gracia justificante en grado muy levantado; y solos ellos doce fueron confirmados en esta gracia para no perderla. Respectivamente se les infundieron hábitos de los siete dones, sabiduría, entendimiento, ciencia, piedad, consejo, fortaleza y temor, todos en grado convenientísimo. En este beneficio tan grandioso y admirable, como nuevo en el mundo, quedaron los doce Apóstoles elevados y renovados para ser idóneos ministros del Nuevo Testamento y fundadores de la Iglesia evangélica en todo el mundo.
En todos los demás discípulos, y otros fieles que recibieron el Espíritu Santo en el cenáculo, obró el Altísimo los mismos efectos con proporción y respectivamente, salvo que no fueron confirmados en gracia como los Apóstoles; mas según la disposición de cada uno se les comunicó la gracia y dones con más o menos abundancia para el ministerio que les tocaba en la Iglesia. La misma proporción se guardó en los Apóstoles; pero San Pedro y San Juan señaladamente fueron aventajados con estos dones por los más altos oficios que tenían; el uno de gobernar la Iglesia como cabeza, y el otro de asistir y servir a María Santísimo. El texto de San Lucas dice que el Espíritu Santo llenó toda la casa donde estaba aquella feliz congregación, no sólo porque todos en ella quedaron llenos del divino Espíritu y de sus inefables dones, sino porque la misma casa fue llena de admirable luz y resplandor. Esta plenitud de maravillas y prodigios redundó Y se comunicó a otros fuera del cenáculo; porque obró también diversos y varios efectos el Espíritu Santo en los moradores y vecinos de Jerusalén.
No son menos admirables, aunque más ocultos, otros efectos muy contrarios a los que he dicho que el mismo Espíritu divino obró este día en Jerusalén.
Sucedió, pues, que con el espantoso trueno y vehemente conmoción del aire y relámpagos en que vino el Espíritu Santo, turbó y atemorizó a todos los moradores de la ciudad enemigos del Señor, respectivamente a cada uno según su maldad y perfidia. Señalóse este castigo con todos cuantos fueron actores y concurrieron en la muerte de nuestro Salvador, particularizándose y airándose en malicia y rabia. Todos éstos cayeron en tierra por tres horas, dando en ella de cerebro.
Y los que azotaron a Su Majestad murieron luego todos ahogados de su propia sangre, que del golpe se les movió y trasvenó hasta sofocarlos, por la que con tanta impiedad derramaron. El que dio la bofetada a Su Majestad divina, no sólo murió repentinamente, sino que fue lanzado en el infierno en alma y cuerpo. Otros de los judíos, aunque no murieron, quedaron castigados con intensos dolores y algunas enfermedades abominables, que con la sangre de Cristo de que se cargaron han pasado a sus descendientes, y aun perseveran hoy entre ellos, y los hacen inmundísimos y horribles. Este castigo fue notorio en Jerusalén, aunque los pontífices y fariseos pusieron gran diligencia en desmentirlo, como lo hicieron en la resurrección del Salvador.

viernes, 18 de abril de 2014

Mensaje del AMOR SANTO "...En los días de Mi Pasión, Yo necesité ayuda para cargar Mi Cruz. En estos días, mientras llevo el peso del estado del corazón del mundo, también necesito apoyo. Es por eso que personas buenas sufren. Mi Madre me dio al mundo primero en el establo en Belén. Ella sigue entregándome al mundo en cada momento presente porque sabe que Mi Misión continúa; la de transformar el corazón del mundo por medio del Amor Santo y conformándose con la Divina Voluntad..."

17 de Abril del 2014
Jueves Santo

“Yo soy tu Jesús, nacido Encarnado.”

“En los días de Mi Pasión, Yo necesité ayuda para cargar Mi Cruz.  En estos días, mientras llevo el peso del estado del corazón del mundo, también necesito apoyo.  Es por eso que personas buenas sufren.”

17 de Abril del 2014
Jueves Santo

“Yo soy tu Jesús, nacido Encarnado.”

“Mi Madre me dio al mundo primero en el establo en Belén.  Ella sigue entregándome al mundo en cada momento presente porque sabe que Mi Misión continúa;  la de transformar el corazón del mundo por medio del Amor Santo y conformándose con la Divina Voluntad.”

“La tarea se vuelve cada vez más abrumadora porque los gobiernos han asumido la responsabilidad de las decisiones morales.  Yo no les pido que obedezcan ninguna ley que los aleje de Mí.  Deseo abrazar el corazón del mundo una vez más.  El deterioro moral del corazón del mundo es responsabilidad de cada uno.  Si cooperan con el mal, ustedes son parte de él.”

“Ustedes, Mis hermanos y hermanas, son hijos de la luz.  No dejen que la verdad se oscurezca mediante ningún compromiso.  Permanezcan en la brillantez de la luz de la verdad.”

“A cada uno de ustedes los he elegido para estos tiempos.  Yo conozco muy bien sus fortalezas y sus debilidades.  Sean siempre y en todas partes Mis discípulos del Amor Santo.”

17 de Abril del 2014
Jueves Santo

La Santísima Virgen dice:  “Alabado sea Jesús.”

“Esta noche les suplico, queridos hijos, que sosieguen al Desoladísimo Corazón de Mi Hijo con sus amorosas oraciones y sacrificios.”  (Nuestra Señora sostiene el Desolado Corazón de Jesús en Sus manos que están extendidas hacia mí.)  “Ustedes no comprenden cómo agoniza este Corazón a causa de quienes no escucharán.  Recurro a ustedes, ya que tengo esperanza en ustedes;  esperanza en que el amor de sus corazones revitalizará la verdad en el corazón del mundo.”

“Hagan más fuertes sus oraciones y sacrificios ofreciéndolos con amor.”
18 de Abril del 2014
Viernes Santo
 
La Santísima Virgen dice:  “Alabado sea Jesús.”
 
“Hoy invito a toda la gente y a todas las naciones a estar Conmigo al pie de la Cruz unidos en Amor Santo.  Pongan todo lo que los divide en el Desoladísimo Corazón de Mi Hijo.  Jesús colgó de la Cruz por cada alma, no nada más por unos cuantos o por ciertos grupos.  Él no murió buscando aprobaciones, sino abrazando la Voluntad de Su Padre.  La manera en que fue condenado a muerte fue considerada una desgracia, pero Su calvario y muerte es exaltada hoy por encima de todas las demás.”
 
“Deben darse cuenta de que la mayoría de las veces la gracia llega revestida de cruz.  Si sus corazones están conformados a la Voluntad de Dios, podrán reconocer muy fácilmente hasta la gracia más escondida.”
 
“Hijos Míos, necesito su apoyo al pie de la Cruz.  No puedo soportar sola los dolores que veo en el corazón del mundo.”
 
18 de Abril del 2014
Viernes Santo
 
La Santísima Virgen dice:  “Alabado sea Jesús.”
 
“Queridos hijos, cuando contemplen la pasión y muerte de Mi Hijo, deseo que vean más allá de Sus sufrimientos físicos aunque fueron numerosos, y veneren Su amor y Su misericordia.  Jesús, el Crucificado, es todo misericordia, todo amor.  Como tal, Él es todo perdón.   Al llegar a su fin este tiempo de Cuaresma, sigan rezando y haciendo sacrificios por la conversión del corazón del mundo.”


JUAN 19;25-27 ---> Y junto a la cruz de Jesús estaban Su MADRE... 26 Y cuando Jesús vio a Su MADRE, y al discípulo a quien El amaba que estaba allí cerca, dijo a Su MADRE: “¡Mujer, ahí está tu hijo!” 27 Después dijo al discípulo: “¡Ahí está tu MADRE!” Y desde aquella hora el discípulo la RECIBIÓ en su propia casa




EL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO DE LA CRUZ DE CRISTO SOBRE SUS DISCIPULOS: Puede DIOS acaso dejar actuar al demonio sobre nuestras vidas como un hecho cumplido de su misterioso obrar para todos los quieran seguirlo, obedecerlo, consolarlo, amarlo y adorarlo ? "(Mateo 16;24) Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su CRUZ y que Me siga" --> Oportunidades para la Gracia. Muchas veces nos preguntamos por qué Dios permite que nos pasen determinados males y permite que el demonio nos tiente. Y la respuesta es que son pruebas para que crezcamos en fe y santidad. (2 Corintios 12;8-9 ...Para impedir que me enalteciera, me fue dado un agijon en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. 8 Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. 9 Y El me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad...)


Somos nosotros quienes libremente debemos dar las repuestas a esos males y tentaciones; aferrándonos a Dios, como hizo Job, o renegando de él, lo que empeorará nuestra situación.

LAS LECCIONES QUE SURGEN DE LAS BATALLAS

El Catecismo Católico cita a Orígenes:
Dios no quiere imponer el bien, quiere seres libres [...] En algo la tentación es buena. Todos, menos Dios, ignoran lo que nuestra alma ha recibido de Dios, incluso nosotros. Pero la tentación lo manifiesta para enseñarnos a conocernos, y así, descubrirnos nuestra miseria, y obligarnos a dar gracias por los bienes que la tentación nos ha manifestado (Orígenes, De oratione, 29, 15 y 17)”
Aprendemos lecciones valiosas por las batallas interiores que los discípulos de Cristo sufren para ganar el necesario conocimiento de uno mismo y  de Dios. La herida del pecado original nos exige estar activos y vigilantes contra las obras del diablo que operan en y por el pecado. Si adoramos cualquier cosa distinta a la Santísima Trinidad (un pecado contra el primer mandamiento) nos volvemos vulnerables a un aumento de la influencia demoníaca.
La verdad es que muchos de nosotros hemos erigido ídolos en nuestras vidas que incluyen personas, lugares o cosas. Estos se convierten en más importantes que nuestra adoración y amor de Dios. La forma en que gastamos nuestro tiempo, talento o tesoro revela a qué o a quién apreciamos más en nuestra vida.

LOS TIPOS DE INFLUENCIAS DEMONÍACAS

La tentación y el pecado. Esta es la batalla espiritual común que purifica el alma. Aunque la tentación en sí no es pecado, cuando nos damos a las tentaciones nos convertimos en esclavos del pecado (Juan 8:34).
Opresión / Vejación. Estas pruebas están diseñadas para fortalecer la fe y aumentar la humildad y dependencia de Dios.
Obsesión. Este es un trastorno espiritual que requiere el ministerio de oración y reorientación a Dios a través de la práctica de la vida sacramental.
Posesión. Este trastorno espiritual es raro y requiere el rito del exorcismo para la liberación, seguido de una vida espiritual disciplinada. Se puede considerar una escuela de santidad.
Las diversas vejaciones diabólicas son verificables en la vida de los grandes santos y en la Tradición de la Iglesia. Por ejemplo, sabemos que las vidas de San Padre Pío, San Juan Vianney, Santa Gema Galgani y muchos otros incluyeron vejaciones diabólicas. Los santos han demostrado su amor y fidelidad a Dios por la paciencia y ofrenda del sufrimiento.

LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS VEJACIONES DIABÓLICAS

Desgracias repentinas en el trabajo y en las relaciones con los demás
Desgracias físicas y personales que aíslan a una persona
Sufrimientos económicos y morales
Persecuciones inexplicables donde las personas buenas se vuelven contra la gente buena por un malentendido.
La lucha y la destrucción actuando en las familias, los matrimonios, los grandes grupos de personas, los movimientos en la Iglesia, las comunidades religiosas, parroquias.
Enfermedades físicas inexplicables y no diagnosticables
Ejemplos bíblicos: Libro de Job, 2 Cor. 12:7 (espina de San Pablo)
Muchos de nosotros hemos soportado la angustia de algún disgusto diabólico.  Cómo respondemos a estas pruebas de fe nos levantará o nos hará caer. Si somos capaces de permanecer fieles y confiando en Dios, la gracia nos llevará a través del proceso. Si nos rebelamos contra Dios y huimos de Él nuestra condición empeorará.
¿Qué es necesario? Firmeza en la fe, en la esperanza y amor perseverante nos guiarán. El fortalecimiento de nuestra armadura espiritual es necesario para el crecimiento en la virtud. Un corazón confiado permanece dócil a la mano del alfarero divino que nos está moldeando en un vaso de santidad a través del fuego purificador.
Dios dispensa la medicina de pruebas espirituales que se pueden degustar como amargas. Pero sus prescripciones divinas ayudan a remediar los siete pecados capitales (orgullo, la ira, la codicia, la envidia, la pereza, la gula y la lujuria).
La gracia es siempre suficiente para ayudarnos a soportar las pruebas necesarias para ser victoriosos sobre aflicción demoníaca.

LO QUE EL CATECISMO NOS ENSEÑA PARA EVITAR EL MAL

Prudencia. La virtud de la prudencia dispone la razón práctica para discernir nuestro verdadero bien en todas las circunstancias y para elegir los medios adecuados para alcanzarla. Es considerada como la auriga de las virtudes (1806). Cultive la virtud de la prudencia.
Gracia: Sin la gracia de Dios, los hombres no sabrían cómo discernir (1889). Ore por la gracia y el carisma del discernimiento de espíritus.
La sabiduría divina. La ley moral es obra de la sabiduría divina. El significado bíblico se puede definir como la instrucción paterna (la pedagogía de Dios). Prescribe al hombre los caminos, las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; muestra los caminos del mal, que se apartan de Dios y de su amor (1950). Ore para el regalo de la sabiduría.
El Evangelio.  La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre caído; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducción, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad. (2527). Tomar en serio la Palabra de Dios.
Fuentes: Catholic Exchange, Signos de estos Tiempos

jueves, 17 de abril de 2014

Como de manera dantesca agonizó y murió clínicamente Nuestro Señor Jesús, desde su aprensión a su fallecimiento. El siguiente es el cuadro clínico de la muerte atroz de Jesús realizado por el Doctor en Medicina y Cirugía Francisco José Berral de la Rosa. La documentación científica existente acredita que Jesús padeció y sufrió el más cruel de los castigos. El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un hombre.

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Todas las referencias en relación a la muerte del Nazareno se basan en documentos escritos y no en el análisis del cuerpo físico o de sus restos. En este sentido la credibilidad de cualquier discusión sobre la muerte de Jesús es determinada básicamente por la credibilidad de las fuentes, entre ellas los escritos antiguos cristianos y no cristianos, los escritos de autores modernos, el Sudario de Turín y los avances de la Medicina.
La documentación científica existente acredita que Jesús padeció y sufrió el más cruel de los castigos. El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un hombre.
Partimos de que Jesús mantuvo numerosos viajes caminando a través de la Palestina del siglo I para impartir sus enseñanzas. Esto excluye que padeciese alguna enfermedad física de importancia o una constitución débil. Es por tanto razonable suponer que Jesús gozaba de un buen estado de salud.

















En un periodo de 12 horas, desde 9 de la noche del jueves 6 de abril (Nisan 13) a las 9 de la mañana del viernes 7 de abril (Nisan 14), Jesús sufre un enorme deterioro físico que comienza en el huerto de Getsemani (esquema).
Lo vivido por Jesús antes de ser arrestado se refiere en distintos escritos como una mezcla indecible de tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresó una pena moral que llegó a tal grado de intensidad que se manifestó somáticamente mediante la liberación de sustancias químicas que provocaron una hematidrosis, es decir, sudor con sangre. Este proceso extraordinariamente inusual en el ser humano, fisiológicamente es debido a una congestión vascular capilar y hemorragias en las glándulas sudoríparas, haciendo que la piel se vuelva frágil y débil. No obstante la perdida real de sangre en el Maestro fue mínima, no así el daño psicológico.
Llevado ante el Sanedrín político, ante Caifás, Jesús es condenado y golpeado fuertemente en el rostro. También el Sanedrín religioso, constituido por fariseos y saduceos, condena a Jesús. Llevado a la fortaleza Antonia y al Palacio de Herodes Antipas, en última instancia Pilato entrega a Jesús para ser flagelado y crucificado. Para celebrar todos estos juicios Jesús es obligado a caminar unos 4 kilómetros.
La flagelación era un preliminar de tipo legal para toda ejecución romana. El hombre era desnudado y atado a un poste siendo golpeado con azote corto denominado flagrum o flagellum. La espalda, las nalgas y las piernas eran azotadas por uno o dos soldados.












Los azotes repetidos de los legionarios con las bolas de hierro, sobre una piel ya sensible por la hematidrosis, causaron en el cuerpo de Jesús profundas contusiones, su espalda quedó tan desgarrada que la espina dorsal quedó expuesta, las laceraciones cortaron los músculos y la carne desgarrada sangró abundan­temente provocando una importante pérdida de sangre y plasma. El enorme dolor y la pérdida de sangre habitualmente crean las condiciones para un shock circulatorio. La cantidad de sangre perdida podía muy bien determinar cuánto tiempo sobreviviría la víctima en la cruz.
El abuso físico y mental provocado por los judíos y romanos, la coronación de espinas, la falta de alimento, de agua y de descanso, y la pérdida importante de sangre, debilitaron enormemente el estado general del Nazareno, provocando:
1. Un aumento del ritmo de su corazón.
2. Una disminución de la presión sanguínea.
3. Que los riñones dejasen de producir orina para mantener el volumen restante.
4. Enorme sed, porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.
En estas condiciones es llevado Jesús a una de las ejecuciones más crueles, despiadadas y degradantes que haya inventado el hombre, la crucifixión, suplicio de origen oriental, persas, asirios y caldeos, y perfeccionado por los romanos.
Jesús caminó algo más de medio kilómetro, entre 600 y 650 metros, portando un travesaño o patíbulum de entre 34 y 57 kilos de peso.










Los clavos usados por los romanos tenían entre 13 y 18 cms, con una sección cuadrada de 1 cm. Estudios realizados con cadáveres han documentado que los clavos tienen que penetrar, para mantener al crucificado, bien entre el radio y la primera hilera del carpo, o bien entre ambas hileras de los huesos del carpo. La Síndone ha corroborado estos datos.










El clavo atravesó triturando el nervio mediano, provocando un enorme calambre. Es tan insoportable este dolor que hubo que inventar un término nuevo en la medicina para describirlo, conocido como dolor excruciante (dolor de la cruz). Los pies también fueron clavados a la cruz. El clavo traspaso el espacio entre el 2º y 3º metatarsiano destruyendo el nervio profundo peroneo y las ramas plantares.
Para fijar los pies, Jesús hubo de flexionar las rodillas a fin de poder realizar una ligera rotación lateral de las piernas.

































Una vez clavado fue colocado en posición vertical, provocando un estiramiento intenso de los brazos, tal vez mayor de 15 cms., lo que originó la luxación del hombro.
En esta posición, la muerte es lenta y agonizante por asfixia. Jesús soporto esta situación unas 3 horas. Durante este tiempo Jesús tenía enormes dificultades para expulsar el aire. Para llevar a cabo este movimiento espiratorio debía de elevarse ligeramente en la cruz para descomprimir la caja torácica, apoyándose en los pies y flexionado los brazos, lo que supuso terribles dolores en todas las extremidades.
En la medida en que redujo el ritmo respiratorio, entró en acidosis respiratoria, es decir comenzó a retener dióxido de carbono en la sangre, proceso conocido como hipercapnia. El CO2 se disolvió como acido carbónico al no poder ser expulsado, lo que provocó mayor acidez en la sangre, calambres musculares y contracciones tetánicas. Este mecanismo alteró el ritmo de su corazón, provocándole un pulso irregular, que origino un paro cardiaco. Jesús pudo darse cuenta de la proximidad del fatal desenlace, lo que ocurrió, tras dar un enorme grito, a las 3 de la tarde del viernes 7 de abril (Nisan 14).
Para corroborar la muerte de Jesús, los soldados atravesaron su costado entre el 5º y 6º espacio intercostal, brotando agua y sangre al retirar la lanza. Con toda probabilidad el agua era fluido pleural o pericardico, y habría precedido a la efusión de sangre procedente de la aurícula derecha que fue perforada por la lanza.






















La interpretación médica moderna del evento histórico indica que Jesús estaba muerto cuando fue bajado de la cruz, su madre María estaba allí.
Fuentes: Francisco José Berral de la Rosa, Signos de estos tiempos